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Concurso Público de Dignidad y Valentía
| • VERDADERA AMISTAD |
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| Escrito por Dr. Wilder Ramírez Vela |
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Hace algunos años, viajando por vía terrestre de Lima a Trujillo, en el horario del mediodía, con mi “compañera” del asiento continuo, con quien conversamos las largas 9 horas de viaje, y a quien nunca antes la había conocido, quien al llegar a las 21:30 horas, su padre la esperaba en la Terminal,
sentado y al intentar presentarme, este no reaccionó; percatándome que en dichos instantes le estaba viniendo un infarto cerebral, motivo por el cual inmediatamente opté por cargarlo e introducirlo en un taxi y llevarlo a Emergencia del Hospital Belén, de Trujillo. Haciendo y exigiendo a los médicos y personal paramédicos, lo que debería haber hecho exactamente para salvarle la vida a mi padre. Es decir, me comporté tal y conforme hubiera sido mi sangre el paciente. Quedándome en dicho nosocomio hasta las 6:30 a.m. del día siguiente, al final logramos salvar la vida al papá de mi “compañera” de viaje ocasional, y recién pude retirarme a mi casa, contento de haber contribuido en algo para salvar la vida de un ser humano. a quien jamás conocí. Antes de retirarme, mi “compañera” me dijo: ¿Cómo pudo haber hecho todo esto, si antes nunca le había conocido?. A lo que le respondí que no era necesario haberla conocido antes. Ella al parecer se enamoró de mí, me llamó en forma continua durante dos años por teléfono, habiéndome ella y su padre efectuado diferentes invitaciones, las cuales nunca acepté, porque jamás me gusta que me paguen por ningún acto humano que yo realice. En suma, tuve que decirle a la “compañera” que era un buen amigo, pero un pésimo enamorado, con lo cual ella puso fin a su buena pretensión. Hoy en día, ella es una mujer casada y es feliz, en la actualidad tengo amistad con su esposo y toda la familia. Me pregunto: ¿esto es amistad?, la respuesta se la dejo a usted. Pero, permítame amable lector, contarle una más; hace, también, un corto tiempo, al intentar abordar mi vehículo en la playa de estacionamiento del lugar donde vivo Lima-Perú, me percaté que uno de los miembros de seguridad, caminaba a duras penas y con un notorio dolor en los brazos; motivo por el cual le sugerí que visite inmediatamente a un vecino médico, a lo que él me respondió que ya lo había hecho y el doctor le había manifestado que se vaya al hospital. Ante esto, el suscrito le condujo inmediatamente al Policlínico del Colegio de Abogados, donde se pudo aliviar su dolor y seguir un tratamiento, costo que lo asumí con mucho gusto. Me pregunto: ¿esto es amistad, o no lo es? La respuesta la tiene Ud. Pero antes de ingresar al fondo del tema, finalmente permítame una licencia más y contarle lo siguiente; en 1999 a las 3:00 a.m., llamé a una persona para que me asistiera por encontrarme en mal estado de salud. Al contestar el teléfono esta persona me dijo de buenas a primeras que para qué le había llamado, que estaba durmiendo, por eso tuve que internarme solo en el hospital y pasar por el vía crucis que ofrece nuestro sistema de salud. Me pregunto: ¿cómo llamaría usted a esta actitud? La respuesta también se la dejo a Ud. La verdadera amistad comienza por abrir el corazón de par en par a la simpatía y la confianza, hasta llegar a la renuncia y donación del sacrificio recíproco, que es el santuario de la perfecta amistad humana. Tal amistad no se adquiere ni se vende por dinero, tiene el temple y virtud y arrestos de heroísmo sobrenatural, porque se funda en los valores eternos del alma y no ansía el halago y complacencia de la propia ventaja y satisfacción, sino que busca solo hacerse ayuda y benevolencia con los demás, con miras a una vida superior más allá de lo temporal y traseúnte; “no hay amor tan grande como el de aquel que da la vida por los amigos”. Por arte y gracia del amor, la amistad hace que dos sean uno. La amistad es siempre parte del alma, que es más fuerte que la carne que une las vidas. Del verdadero amigo, por su manera de pensar, de obrar, de sentir, y de reaccionar, nos parece ver en él como una prolongación de nuestro ser. La verdadera amistad; son dos amores que se buscan y se corresponden. Es una comunión de almas que quisiera llegar a no ser más que una; intercambiando los pensamientos y los sentimientos, formando un solo corazón y una sola alma. De este modo la amistad se basa en el parentesco de las almas y en la comunión de las vidas y no en las ventajas de lucro o de placer que pueda granjearnos, donde lo único que quieren de la amistad es dinero, el cargo que vuestra influencia les puede proporcionar, o el placer que esperan de nosotros. En esta falsa amistad, nos abruman con amabilidad y nos colman de frases bonitas, en las que el engaño o la exageración corren parejas con la enfática hipocresía. El verdadero amigo no vacila en darse en alma y vida a favor del amigo que se halla conturbado por la necesidad. En la verdadera amistad estamos juntos, vivimos unidos; el uno es para el otro; no formamos más que un corazón y una sola alma. |
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Doctorado: Palabras de agradecimiento de representante de la promoción: Dr. Wilder Ramírez Vela
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